viernes, diciembre 01, 2006
lunes, septiembre 11, 2006
Coma, querido
Es que ahora o es un graaaan pollo de más de 3 kg o bien es una paloma que simula ser pariente del pollo. Porqué son tan grandes, ahí es donde está el misterio. Una explicación se encuentra al ir por la ruta de noche: los criaderos de pollos están iluminados... ¿porqué?, uno se preguntaría. De esa forma el pollo piensa que es de día y se dedica a comer las 24 hs. Una pequeña aspiradora biológica, que cumple su ciclo velozmente.
Y del sabor, mejor ni hablemos. No se si alguna vez probé el sabor auténtico a pollo. Y muchas veces es tan neutro que puede ser cualquier carne blanca. Algunas personas, comen pollo de "la pollería", asumiendo que los pollitos en cuestión, han pasado su infancia corriendo libremente por el prado y comiendo lo que les vino en ganas y no encerrados en un cubículo masticando sin cesar. Creen que la pollería es un punto de venta más "independiente y natural", pero yo no creo que sea muy diferente al resto de la industria pollística.
También circula la leyenda urbana contando la odisea de aquella persona de sexo masculino a la que le crecieron pechos, supuestamente por comer demasiado pollo que estaba "enriquecido" con hormonas para fomentar su crecimiento. De haberlo sabido, muchas mujeres se ahorrarían las cinco lucas de las prótesis y se dedicarían a comer pollo ilimitadamente, no?
En cualquier caso, los pollos de ahora y de antes, me dieron una sorpresa esta mañana cuando leía las palabras de Roberto Grau, investigador del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario. Aquí sigue un pequeño extracto de la nota:
Parado sobre la balanza, "superpollo", como lo llaman sus criadores,
ostenta un peso superior a los 3,5 kilos a una edad en la que sus congéneres a
duras penas superan los 2,8 kilos. ¿Cuál es el secreto? Su crecimiento fue
estimulado a través del agregado a la dieta de inocuas bacterias con efectos
probióticos, es decir, protectores contra las infecciones.
Los resultados preliminares son más que alentadores: los pollos que
recibieron alimento balanceado adicionado con esporas de B. sutilis tuvieron un
aumento de peso del 10 al 15% superior a los pollos criados sólo con alimento
balanceado. Es más, ese incremento del peso llega a duplicar al de los pollos en
cuya dieta se habían adicionado antibióticos (una práctica en retroceso) como
promotores del crecimiento.
Según Grau, la posibilidad de estimular el crecimiento de estos animales
mediante probióticos no sólo responde a la búsqueda de métodos más efectivos,
sino que hoy es una necesidad de mercado. "Desde este año, la Unión Europea
prohíbe el uso de antibióticos como promotores de crecimiento en la cría de
animales -explicó el bioquímico-. Somos un país que exporta carne y si queremos
venderle a la Unión Europea no podemos usar antibióticos."
Durante décadas, los antibióticos se usaron como promotores de crecimiento
en la cría de animales para consumo humano. Al agregarlos a la alimentación en
cantidades subterapéuticas en las primeras etapas de crecimiento del animal, se
prevenían infecciones que pudieran retrasar su desarrollo.
Pero el uso masivo de antibióticos tuvo un impacto negativo sobre la flora
bacteriana animal y también sobre la humana. "A mediados de los noventa se
empezó a ver en Europa la aparición de cepas de bacterias resistentes a los
antibióticos más modernos, como la vancomicina, que se reservan para las
infecciones causadas por bacterias que desarrollaron resistencia a los
antibióticos de uso habitual", dijo Grau.PS. Si quieren saber más de la interesante industria alimenticia, los invito a que vean The Meatrix: Fight Factory Farms.
domingo, septiembre 10, 2006
Mercado
Ver nota completa."Hace 50 años, con el poco de dinero que yo tenía como estudiante me podía
comprar bastantes cosas. Hoy, un estudiante no puede comprar casi nada de lo que se le ofrece. Hay tantos productos que se genera una frustración terrible. Por
otro lado vivimos en un mundo de satisfacción inmediata en el que todo tiene que
estar bien y eso genera frustración. Es una economía psíquica y no de
necesidad".
viernes, septiembre 08, 2006
¿Me puede repetir la pregunta?
Tengo un amigo zanquista que trabaja en las inauguraciones de los hipermercados, o en los actos políticos, o en las ferias y los congresos, o en cualquier lado donde hagan falta saltimbanquis. Lo contratan, él se disfraza de payaso, se sube a los zancos y empieza a hacer piruetas. Un día me dijo que lo único que le molestaba de su oficio era que siempre, siempre, se aparecía un tipo que, suponiendo ser original, le preguntaba: “Che, flaco, ¿hace frío ahí arriba?”
Hay una clase de gente, generalmente con bigotito, que sospecha todo el tiempo que está siendo original con un comentario gastado, o con una pregunta estúpida. Mi amigo zanquista me confesaba, con lágrimas en los ojos, que después de la pregunta recurrente y graciosa sobre la temperatura, el sujeto vulgar espera siempre una sonrisa, una complicidad o un guiño; y mi amigo (que es buena persona) sonríe falsamente y responde con buen humor desde hace décadas a esa clase de terrorista social. Pero se cansa el pobre, y tiene razón.
Lo triste es que no le pasa únicamente a él. Imaginemos por un segundo que nuestro apellido sea Angulo, o Mastretta, o cualquier otro que contenga en su última sílaba la tentación de una rima de mal gusto. Nunca faltará un gracioso, un comediante mediocre, que haga el chiste, siempre el mismo chiste en forma de verso, y que espere luego nuestra admiración.
En Argentina nunca me pasaba nada grave cuando decía mi nombre de pila, porque allí es un nombre habitual. Pero aquí, en España, nadie se llama como yo. Por lo tanto, desde hace cinco años escucho todo el tiempo la frase “ah, como el conquistador Cortés” cuando digo quién soy, y cada persona que me lo dice pone cara de ser la primera que lo descubre. También nos ocurre mucho, a los argentinos en el exterior, que algunos nativos mediocres intentan imitar el acento rioplatense para hacerse amigos:
—Che boluuudo cómo andás viiistes —dicen, convencidos de que ésa es la forma correcta de romper el hielo, o la manera adecuada de que uno se sienta cómodo. Siempre resulta patético, pero debemos sonreir porque estamos jugando en cancha de ellos.
Cuando sonreímos sin ganas, a la fuerza o por compromiso, involucramos al músculo abductor, que es uno que está a los costados de la cara, envolviéndonos la mandíbula. Este músculo se contrae y sufre, padece una obturación contranatura ante la mediocridad de un comentario, generando calambres y ganas de que nos trague la tierra.
No quiero demonizar al imbécil, porque en su pecado reside también su castigo. El hombre mediocre, en realidad, no es un tipo ruin, ni maldito, ni hijo de una gran puta. Es un pobre diablo. Pero tiene algo sin embargo que lo convierte en maléfico: nos obliga a optar entre ser hipócritas y sonreirle la gracia, o ser mal educados y mandarlo a la mierda. No nos deja la posibilidad de salir airosos de su discurso vulgar y repetitivo. Nos pone entre la espada del careteo y la pared de la violencia.
Lo mismo les ocurre a las rubias tetonas. El hombre mediocre tiende a tocarle bocina a esta raza de señoritas. Tocar bocina no cuesta nada, y es la manera más sencilla de comprobar la vulgaridad de un varón. El hombre vulgar ve una rubia tetona por la calle, saca el brazo izquierdo por la ventanilla y con la mano derecha toca bocina. No sabemos para qué, pero lo hace. A veces también frunce los labios, como si estuviera chupando un mate invisible, y chifla.
Algunos festejan estas gracias absurdas del macho, pero pongámonos un segundo en la piel de una rubia tetona que camina diariamente un kilómetro para ir de su casa a la boutique. Esta chica escucha cien, doscientos bocinazos en su recorrido matinal. Si trabaja cinco días a la semana, podemos decir que recibe unos ocho mil bocinazos por mes, de ida y de vuelta. Lo que es igual a millón y medio de bocinazos entre su pubertad hasta que se le caen las tetas.
¿Es posible soportar semejante saña? Las rubias tetonas viven en medio de una repetición, de un bucle ensordecedor. Viven, las pobres criaturas, en un permanente atasco de tránsito. Y después nos preguntamos por qué las rubias tetonas son tontas... ¿Cómo no van a ser tontas con semejante ruido? Lo raro es que no sean sordas.
Sin embargo, la vida del hombre mediocre transcurre en paz. Él no sabe que repite eternamente un gesto, una pregunta, un chiste tonto o un comentario vulgar. No lo sabe porque, como el perro de campo, caga y se va. Pero hay gente (el pobre zanquista, el señor Angulo, el petiso con pecas que se parece a Marcelo Marcotte, el que se llama igual que un político famoso, la rubia tetona) que tiene la cabeza que le explota con la repetición interminable de una gracia.
“¿Nunca te dijeron que sos idéntico a Julio Bocca?”, escuchan algunos todo el tiempo; “Ay, ¡tu apellido se escribe igual que la marca de ginebra!” tienen que oír otros de por vida. El hombre mediocre no sabe que no hay originalidad en sus palabras. No intuye que eso que acaba de decir ya ha sido escuchado mil veces por unos oídos cansados.
Escribo con semejante rabia porque esta semana, por una carambola del destino, recibí un premio en Alemania y en mi casa el teléfono no paró de sonar durante siete días con sus noches. Periodistas de todas partes del orbe me hicieron, durante cientos de horas, las mismas tres preguntas. No un día, ni dos: sino muchos días. Uno tras otro, sin parar. Y yo les respondí estoicamente, diciendo cada vez lo mismo y poniendo cara de perro sanbernardo que todo lo soporta.
Si en una semana estuve a punto de enloquecer, no quiero pensar qué les ocurre a quienes, por una razón u otra, deben convivir con la pereza ajena durante toda la vida.
Pero debo decir que no todo está perdido: una noche, de entre la marejada de preguntas idénticas, hubo un periodista de un diario regional, humilde y desconocido, que tuvo la delicadeza y el respeto de preguntarme cosas distintas y divertidas. Quiero homenajear a ese señor que no conozco (pero que es mi amigo ya para siempre), porque fue un remanso escuchar la originalidad de sus preguntas; fue un descanso necesario en una larga escalera de peldaños idénticos.
Si todos obrásemos como este periodista, no sólo viviríamos con el músculo abductor relajado, sino que también las rubias tetonas (o al menos algunas) llegarían a Ministra del Interior.
Round 3
El Round 3 con el especialista en columna fue muy cercano a lo que me imaginaba. Hacer la operación clásica de hernia de disco, en mi caso, no aplica y no tiene sentido. Dijo, al igual que los otros traumatólogos y neurocirujanos que vi, que hay que hacer una artrodesis.
Para mí, artrodesis era sinónimo de carnicería. Hasta que ví los dispositivos que usan...
En el fondo, es casi una carnicería. Abren, sacan pedazos, ponen tornillos y placas de titanio, rellenan el espacio de los discos con pasta de hueso (de banco cadavérico o bien sacado de mi cadera), atornillan nuevamente todo, te cosen y listo.
El proceso total lleva varias horas, estimo que menos de 6, es un dato a averiguar.

En un par de semanas más, me volveré a juntar con el cirujano y esta vez con una lista larga de preguntas que me permitirán hacerme un cuadro un poco más certero de qué tan horrible será el posoperatorio, qué tan doloroso será el proceso, cuánto tiempo tendré que usar corset y qué tanto movimiento perderé por convertirme en un clon de Robocop.
Hace algunos meses me preocupaba sobremanera este escenario y lo rehuía. Pensaba que debía haber otra posibilidad y que esta era la última a considerar. Bueno, ya llegué a ese punto e incluso ya me hice la idea. Estoy dispuesta a cambiar un 1% (o quizás un poco más) de "mi humanidad" para que el titanio haga su trabajo y de una vez por todas empiece a tener una vida más normal.
Próximamente, el Round 4 fijará la fecha de la operación y responderá las preguntas :)
sábado, septiembre 02, 2006
viernes, septiembre 01, 2006
domingo, agosto 27, 2006
Estupidez
Ocurre por dejadez, por "total no cambia nada", por no jugarse, por pasar desapercibido, o peor, por caer bien al resto que también posan de estúpidos. Es que la estupidez está de moda.
Esta idiotez no es un accidente, es una elección. Es la que más me angustia porque la siento como una pérdida de tiempo. No, no es necesario ser brillante para ser querido, me lo han dicho y la verdad, lo creo. No es ese el punto. No pasa por el valor que tenga una persona, o el afecto que uno le tenga en particular. Pasa por el derroche de recursos. Por la actitud facilista, cuasi incómoda, de entrega, de falta de compromiso con lo que uno sabe como "no idiota".
El idiota que me indigna es aquel que tiene la posibilidad de actuar de otra manera menos estúpida, pero que no elige hacerlo. Esta idiotez es "dejarla pasar", por comodidad, juego, quien sabe.
Hoy me desperté pensando eso. La otra punta tampoco es vivir una vida aburrida. La no idiotez no es un embole. No es leerse la enciclopedia por deporte un sábado a la noche.
Tampoco es algo necesariamente intelectual: falacia típica, o sos idiota o sos Einstein, un nerd encerrado en sus ecuaciones diferenciales.
Podés ser extremadamente creativo, tener visión paralela, estar en el límite de lo incomprendido, nunca en tu vida haberte preguntado cómo funciona un microondas, pero eso no importa, porque en el fondo, la peleaste, le pusiste esa actitud no-idiota y le diste una vuelta más en tu cabeza.
Tampoco pasa por no cometer errores ¡todo lo contrario! El idiota es aquel que se tropieza con la misma piedra dos veces, porque fue voluntariamente a buscarla. Es aquel que alaba las situaciones patéticas, casi bordeando la mediocridad, que no se compromete con lo que valora o incluso se caga en el prójimo.
Hoy me desperté elogiando la capacidad de cierta gente de tener perspectiva, análisis y de aprender. Ayer aprendí un montón, y hoy, aprendí algo más: que no quiero nunca, nunca, entregarme a la idiotez.
ps.: otros piensan algo parecido, y están recopilando razones para explicar la idiotez de la gente.
sábado, agosto 19, 2006
Humo
En 1971, Joseph Cullman, ex presidente de Philip Morris, negó en una entrevista televisiva que el consumo de cigarrillos representara un riesgo para la salud de las embarazadas y sus bebes.
"Es verdad que los bebes de madres fumadoras son más pequeños, pero son tan saludables como los bebes de madres no fumadoras. Algunas mujeres quizá prefieren tener bebes más pequeños", sostuvo Cullman durante la entrevista.
Uno de cada cinco fumadores mayores de 40 años padece la enfermedad pulmonar
obstructiva crónica (EPOC). Así lo señala un informe elaborado por la
Organización Mundial de la Salud, que estima que para el año 2020 este mal será
la tercer causa de muerte en el mundo.Esta enfermedad provoca una suerte de
ahogo permanente en las vías respiratorias de quienes la padecen. [...]La OMS
considera que "para 2020 esta enfermedad será la tercer causa de muerte en el
mundo". La EPOC se caracteriza por una limitación del flujo respiratorio que
aparece como consecuencia de una respuesta inflamatoria anormal del pulmón
frente a determinadas sustancias tóxicas, entre las que se encuentra el
tabaco.Fuente: Clarín.
viernes, agosto 18, 2006
"Comprate una vida"
Esta categoría agrupa aquellas agresiones que hablan de la pertenencia, del sentido de grupo. Si alguien no se siente identificado con el otro, en lugar de pensar "piensa distinto" atina a declarar "comprate una vida" asumiendo que el agredido no es feliz (exitoso o capaz) con la suya y debería aspirar a la patética vida del agresor.
Y digo la patética vida del agresor porque desde la postura intolerante de quien critica, cualquier pensamiento o actitud diferente a la estándar (la propia, la del grupo, la aceptada) es descartada como impropia.
La otra cosa interesante es que la crítica sea "comprate" una vida y no "hacete cargo de..." o similar. La idea de comprar algo pre-fabricado que resuelva los supuestos problemas actuales que critican, es por lo pronto, algo que califico de limítrofe.
Comprar una vida hecha sería algo tan plástico, equiparable a vivir una vida como los avisos de publicidad, comida de freezer y cuerpo anoréxico. Algo bastante diferente a esto que plantea Daniel...


