martes, mayo 09, 2006

Entendí - Parte 1

Hoy entendí muchas cosas. Cosas que no me encajaban antes. Cosas que por prejuicio quizás, por pensar en que estamos en una sociedad hipócrita y olvidadiza no tenía en cuenta.
Hoy fui a una reunión en Greenpeace.

Hace tiempo que necesitaba encontrarle un camino a mi malestar.

Un malestar generalizado, un enojo en muchos planos: con el consumo, con la actitud de la gente, con los consumidores que aceptamos sin chistar las reglas, contra las decisiones y las personas que se olvidan de mañana, de mis hijos, del agua que vamos a tomar, de la basura que nos tapa, del pibe que pasa a recojer las bolsas y ver si de paso hay algo de comer entre los papeles y cartones que puede encontrar, de la histeria de la gente, del derroche, del malhumor, de la contaminación auditiva.

Estaba (estoy) enojada con todo esto. Con mi vida, con mi salud, con mis neuronas, mi capacidad y mis prejuicios, con mis propias reacciones e inacciones, con mi capacidad de actuar o quedarme sólo en la queja.

Hoy empecé a entender más. Me di cuenta que puedo hacer algo. Que tengo esa libertad. Que tengo algunas habilidades que puedo usar. Que me falta mucho por aprender para enfocar mi actitud y mis acciones en lo que realmente estoy priorizando, pero que hay algunos caminos que son posibles, que son sanos, que son socialmente responsables y ambientalmente respetuosos.

Entendí que hay gente que no quiere escuchar. Que no le importa. Que es y será indiferente. Otros no quieren escuchar o lo saben bien pero no les conviene (en general económicamente hablando). Y otros apelan a la indiferencia porque socialmente está bien visto. O sólo hacen cuando el de al lado está mirando: mirá que bueno que soy, ayudo.

Pero también me junté con casi 50 personas que apostaban a algo parecido a mí: que se puede hacer algo. En la educación, en el medio ambiente, en contra del consumo, para hacerle abrir los ojos a aquellos que sí tienen poder o autoridad, que legislan y firman decretos.
Escuché al director ejecutivo de una 'organización verde', un tipo que se deja llevar preso si es necesario para frenar la venta por parte de un gobernador de un espacio que ahora es parque nacional. Ví cómo un chico de 12 años contaba la historia de lo que había pasado, de lo que habían hecho. Lo vi pegando un cartel. Trabajando, actuando para que ese delirio se frene.
Lo lograron. Fue una victoria.
Me contaron después que ese chico empezó a ayudar (a actuar) cuando tenía 7 años. SIETE años. Y hablaba, a los doce, con una claridad mental, con una paz interior increíble que traslucía que sabía qué era lo que estaba bien.

Me conmovió. Me di cuenta que yo puedo poner mi granito de arena. Cambiar mi cabeza. Bajar varios cambios, no uno. Trabajar un poco. Estudiar otro poco. Hacer un voluntariado otro poco. Conocer gente como esa, que le pone tanta pasión a lo que hace, a lo que cree.

Sentí que lo correcto es ahora pasar de la queja a la acción. En todos los planos. Porque como me decía mi mejor amiga unos días atrás, yo tengo todo para poder hacerlo.
Entendí lo que me quizo explicar:
- Que depende 100% de mi. Es cierto, mucha gente la pasa realmente mal. Y muchos no ven (o no quieren ver eso). Pero yo sí puedo hacer algo. Ayudar de alguna manera.
- Es cierto, soy sensible a esta locura. Y por todo esto y mis prejuicios, mi manera de pensar, de ver al mundo hace que me cierre, me niegue a ver, generalice diciendo: uno más que está perdido.
- Que tengo que vencer mis prejuicios. Abrirme a la gente porque algo tienen para dar. Hoy en esta reunión todos tenían un empuje, una pasión, una sonrisa a pesar de las batallas perdidas. Vi eso y me di cuenta que sí hay gente. Es sólo que yo no me di la posibilidad de escucharla, de verla.
- Que tengo que sobreponerme a mi adicción a pensar, a alimentar mi mente. Hoy aprendí que sí, este ES un alimento para mi mente, pero es distinto. No es solo mental. Es un compromiso, un esfuerzo que uno hace con el cuerpo entero.

Ella me dijo que no en *todos* lados el mundo es consumista, superficial, plástico, frívolo, que hay excepciones. Y que si tanto me molesta esa locura histérica de la civilización consumista.. que tengo que combatirlo.
Hoy, vi y escuché a esa gente. Entendí lo que hacen y entendí porqué quiero hacer algo.

Y también entendí la pregunta que me hizo la psicóloga el otro día. Si la lucha contra mi malestar empieza o termina haciendo esto que me propongo hacer. Sabés Mirta: las dos cosas.

Recién empieza porque no voy a poder deshacerme de lo que me molesta, eso sería arreglar completamente el mundo y no voy a hacerlo. Siempre va a quedar una dosis de molestia, que será el motor, la pasión para que yo actúe.
Pero también termina, porque de una vez por todas, paso de la queja, a la acción.

1 Comments:

Blogger Niño Barroco dijo...

celebro los tan envidiados primeros pasos de la acción que trasciende la frontera individual...
Algún día, tal vez...

1:58 PM  

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