
¿Qué querés ser cuando seas grande? Quiero ser Fénix, para que cada vez que me incendie, renazca con toda la gloria una y otra vez, hasta que me toque morir del todo.
Hay días en la vida en que uno descubre, casi como si fuera una sorpresa, que no tiene la vida que le vendieron, o que los demás (??) pensaron para uno. De casualidad o por búsqueda propia, uno mira y ve que la vida es esto, es real, duele (pff y el dolor es lo que te recuerda que estás vivo), es aquí y ahora, es respirar y elegir en este momento. Y no se trata de vivir como librado al azar, sino vivir haciéndose cargo de cada una de las elecciones que uno hace, continuamente. Tampoco es buscar culpas en los otros. Es hacerse realmente cargo.
Ese día, o quizás tiempo después, te das cuenta de que no vale la pena hacer por hacer, por sobre lo que uno quiere realmente. Y no importa lo que otros pueden pensar. Qué carajo importa que te juzguen los demás, si la vida es tuya solamente. Sos vos quien te bancás el monólogo adentro de tu cabeza, las batallas con tus demonios, los patitos que se te ahogan del susto, el miedo que te dan las cosas. No importa lo que sea que otros te martillaron en la cabeza toda tu vida o que solito te llenaste durante años y años. Se trata de desoprimirse, de sacarse la mochila de temas que al pedo te fuiste agregando, de liberarse de la carga de todo eso y hacerse cargo de uno mismo.
Te podes pasar la vida entera viviendo lo que otro eligió, lo que otro pensaba que estaba bueno para vos. Condenado a bancarse en un esquema que sabés que no te va, pero no deshacés. Lo mejor es despertarse de esta locura a tiempo, porque las horas se escapan. Un día te llega la hora, y ese día -inexorablemente- el juego se acaba.
Es mejor pensar en todo lo que soñaste que querías ser, volver a ese momento de inocencia y felicidad, de honestidad y sincericio semi infantil, donde las cosas simplemente eran, sin carga. Yo no quiero
No quiero la vida que me tocó, la que apareció de casualidad, la que el destino tiró para mi lado. Quiero la vida que YO elijo. Tengo la suerte de tener la posibilidad de hacer el camino como se me canta. A otros se les complica un poco más. Pero ojo, siempre tiene un costo.
Y ese mismo día en que te despertás y te das cuenta de esto, ves que la decisión está dentro tuyo. Que el costo es -la mayoría de las veces- solo tuyo en verdad. Que vos siempre pudiste elegir actuar de otra manera, pero no lo hiciste por miles de razones. Un buen día ves que te puede importar un carajo lo que los demás opinen. Que sí, se puede decidir empezar de nuevo, hoja en blanco. En lo posible, sin cagar a nadie, sin ser una hija de puta, claro. Intentando que los demas sufran lo menos posible. Y haciéndose cargo de las consecuencias de nuestras elecciones.
Yo aprendí que puedo reirme de mi misma. Ver que mis desgracias no me pasan solo a mí. Y si en verdad, tengo la suerte de ser tan única que sólo me pasan a mi (WTF!), reconocer que eso me define y no se trata de un plan macabro para castigarme. Sigo aprendiendo a ser más flexible, a ver cada salto como una oportunidad. A sentir en cada instante donde me llena la incertidumbre que cada falta de precisiones, cada gris, es en verdad un momento para conocerme, para pacificarme en vez de desesperame. Estoy aprendiendo a aceptar mis frustraciones, a encontrarle solución a lo que parece una tragedia sin fin, a aferrarme menos de lo que temo perder.
Yo elegí empezar una vez más (una y otra vez). No invento nada nuevo, muchos tenemos la suerte de poder transformarnos. Mi 2011 me encuentra nadando en aguas diferentes, de vuelta en los orígenes, de vuelta con formas de ver la vida más conectadas con mi esencia. Oficialmente hoy me vegetarianicé (round 2 en mi vida), hace tiempo que medito todos los días, ya no tan esporádico como antes. Vuelvo a la lectura, a escribir, a la reflexión, al juego. A la honestidad brutal, a no encerrarme en mí, a conectarme, a ser un canal.
Ya no escapo. Tengo la suerte de haber encontrado gente que me marca caminos posibles. Gente que quiero agregar a mi clan, gente a la cual quiero cuidar porque valen la pena. Gente que me saca sonrisas y lágrimas (y sí), pero que me da ganas de tener cerca para recordarme que vale la pena todo, lágrimas incluidas. Y si me persigue el pánico, repito para adentro la letanía contra el miedo de la Bene Gesserit y entonces cada vez que siento que estoy por desorientar a mi única neurona disponible, me reconforto sabiéndome en el camino adecuado. Porque ahora sé que no hay destino, es sólo camino.
Técnicamente es aún peor. No pasa por mudarse a otro lado, cambiar de amigos, ser más hippie y tomar tés raros. Porque además de todas esas cosas, mi transformación es porque decidí ser un fénix. Opté por sacar una y otra vez lo mejor y peor de adentro mío, y pelear cada instante, aunque me incendie en el proceso. Basta de temer al incendio. Ya no me da miedo. Si soy fuego, y puedo cambiar el mundo a mi manera, entonces, seré un fénix, y con los años (e incendios) vendrán las herramientas para que revivir sea aún más fácil.
No voy a perder mi lado emocional ni tampoco mi racionalidad, sería como partirme en dos. No puedo desconocer mi lado mentat, ni tampoco ser un cerebro en un frasco. Soy mentat y soy bene gesserit a la vez, quizás incluso boddhisatva. Está todo dentro mío. Soy eso. Y aprender a vivir con mis desgracias y virtudes, mis mil vidas internas, es parte del juego.
Es necesario masticar la vida desde otra lado, cambiar la forma de ver las cosas. Perder estructura, reencontrarme con mi niña interior, volver a jugar una vez más. Descubrir que la música cura, que llorar libera, que ayudar a los demás me ayuda también a transformar mi dolor en algo constructivo, que se puede elegir rodearse de gente linda (por dentro), gente que te quiere, gente que te cuida.
Y sí, también vuelve el bajón, vuelven los golpes, claro, porque no pido una vida perfecta sino una vida real. No una vida plástica, llena de gente imbécil como esta mina. Y si puedo aprender a confrontar sin lastimar, liberar a los demás y a mi misma de un poco de sufrimiento, y que cada vez que me entrego y muestro al mundo como soy y me incendio en el proceso (sabiendo concientemente que iba a pasar pero sin querer evitarlo) yo lo sienta como algo agradable. Porque ya sabemos, el fénix renace cada vez.
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