Hoy charlaba con un amigo acerca de las reacciones. Y como mi cerebro tiene conversaciones a veces con sí mismo en paralelo, me quedó dando vueltas el tema después.
Es inevitable, muchos creen tener respuestas de manual para ciertos momentos. Y teorizamos acerca de como debería reaccionar frente a algo. Si yo estuviera en tal situación, haría tal cosa. Lo mejor en caso de X es hacer esto. Como si las situaciones fueran siempre iguales, como si fuera posible controlar realmente las variables para convertirla en un experimento similar al vivido antes. Si pudieramos, claro, aplacar la mente y calmar a los demonios internos en cada momento.
Honestamente, creo que se requiere de un control interno muy fuerte para controlar como reaccionamos frente a ciertas emociones.
Claro, existen aquellos con madurez emocional como para pensar de antemano y programarse de tal forma que frente a un estímulo (en general negativo), hacen el mismo X que podrían haber sacado de su manual de reglas internas marca Acme. Lo cierto es que cada uno tiene su manual. Y a veces, manual en mano, uno de tus demonios, o un fantasma del pasado o un nuevo especímen que aparece en escena, se te caga de risa y te dice: "¿Querías que ESO no te importe? Tomá! Ahora quiero ver qué haces!"
Para la mayoría de los mortales, entre los que me incluyo, las reacciones suelen ser más desaforadas, enérgicas, blanco-negristas, poseídas de la antorcha de la justicia, con todos los demonios complotados en conjunto. Al menos... todo ese escándalo ocurre mínimamente dentro nuestro interior. Y en algunos casos, se puede ver claramente de la cabeza para afuera.
Algunos, "ven" (para adentro) esta batalla interior y en pos de la paz mundial o el equilibrio interno, optan por evitar la confrontación. O la dejan pasar (hábiles ellos). O bien tras no reaccionar por decenas de veces, terminan explotando por acumulación: años de teclear 4, 8, 15, 16, 23, 42 y un día te olvidaste y estalla todo por los aires. Te sale una úlcera, un infarto, o bien salen a ametrallar gente. O se despiertan con ganas de... pero (por suerte) sin la bomba o la ametralladora.
Los más sabios la dejan pasar de una manera más, como decir, casi profesional. Ni siquiera se ofenden. No tienen ni siquiera la reacción. Si tan solo pudiera....
A veces pienso que tener la reacción al menos internamente es sano, porque te hace sentir vivo.
Ya hasta quiero a mis demonios, les tengo cariño, compasión y odio a la vez. Esa sensación de estar vivo, con una especie de adrenalina por la justicia (¿?) me tranquiliza también. Y me convenzo que la sabiduría pasa por aplacar los demonios (sí, claro, se cagan de risa de mis intentos), intentar pensar con algo de objetividad (¿?) y "emitir algo" sólo cuando es necesario.
Hay que aprender a elegir las batallas. Tanto que no vale la pena y sobre lo cual perdemos tiempo y energía. Algunas, y esto es mucho más triste, no son ni siquiera batallas. Son producto de nuestros demonios.
Ahora, yo digo: Si no puedo hacer desaparecer a mis demonios, si se bañan en mierda y yo tengo que arrastrarlos conmigo, y sólo puedo negociar con ellos para que me molesten lo menos posible, y tampoco puedo evitar que reaccionen frente al mundo... como mínimo, pretendo que me den la chance de separar lo que ellos piensan de lo que yo querría pensar, y entonces, ahí, sentir que tengo algo de control sobre cómo actúo.
¿Es mucho pedir?
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